El odio es el sentimiento extremo de la aversión y la enemistad. Su expresión máxima es el deseo de muerte al enemigo. El odio es el reflejo del displacer, el dolor y la frustración.
Pero ¿cómo encuentra el odio su desahogo en una sociedad donde imperan las relaciones de poder? Históricamente la mujer siempre ha sido objeto de las demostraciones imperativas de los hombres, desde el momento de imponer roles genéricos hasta los actos intencionados en los que se pretende hacer daño físico, moral o psicológico, todo esto, para evidenciar y reafirmar la supuesta superioridad de los hombres sobre las mujeres -ideología patriarcal-.
La misoginia, define cualquier diccionario, es el sentimiento de odio hacia las mujeres. Por lo tanto, la definición carece de precisión, pues la misoginia no es patología expresa de unos cuantos hombres, sino que es un mecanismo colectivo de dominio, cuya herramienta principal es la provocación del miedo en seres que son considerados débiles: las mujeres.
Marcela Lagarde, Doctora en Antropología dice: “la misoginia está presente cuando se piensa y se actúa como si fuese natural que se dañe, se margine, se maltrate y se promuevan acciones y formas de comportamiento hostiles, agresivas y machistas hacia las mujeres y sus obras y hacia lo femenino. Así, las mujeres por su condición genérica, son objeto de discriminación, denigración y violencia pues “ha sido previamente incapacitada para hacerles frente”.
En efecto, el argumento más fuerte que posee la ideología patriarcal para ejercer su dominio, es el biológico. La misoginia, dentro de este orden “natural”, atribuye y justifica el comportamiento violento del hombre, pues esta práctica lo define como tal. Se dice entonces que la misoginia se presenta a pesar de la voluntad, por lo tanto, es instintiva y natural; esto impide que la misoginia se trate como un problema de orden social.
Asimismo, la masculinidad hegemónica coloca a la mujer en el otro extremo: ella es vista como representante del caos y en consecuencia posee defectos que la hacen odiable, inferior y anormal. La misoginia –dentro de este universo- actúa entonces como un mecanismo para la implementación del orden; se difuminan, así, todas las formas de rechazo a la mujer a las que hace referencia. Por lo tanto es necesario subrayar que la misoginia es motor de la violencia y es en sí misma violencia.
Bajo este paradigma, el femicidio es un fenómeno anunciado. Durante este año, 40 mujeres han sido eliminadas por la mano que iza la bandera del sexismo, la misoginia y el machismo. El femicidio representa la expresión máxima de odio y resentimiento hacia las mujeres. Fenómeno que hace hincapié a la violación sistemática de uno de los derechos humanos fundamentales de las mujeres: la vida.
1 comentario:
No se le ha ocurrido pensar que todo ese "odio" masculino demostrado en la misoginia se deba a una forma que han adquirido los hombres como autodefensa frente a la realidad que representa el hecho de tener que reconocer que las mujeres tenemos capacidades multidisciplinarias y que hemos sido valientes y persistentes hasta lograr poco a poco acercarnos al lugar que nos corresponde en la sociedad?
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